Nutrición y desnutrición en el niño

Tradicionalmente al niño se le da el pecho durante un año más o menos, periodo que puede variar en función de las culturas. La leche materna ofrece, como ya hemos dicho, múltiples ventajas: aporta una nutrición con nutrientes indispensables de proporciones equilibradas, le protege contra las infecciones gracias a los elementos (immunoglobinas, glóbulos blancos, lacto ferina) que contiene. Tal y como se ha escrito: es un alimento estéril, listo para ser empleado y económico… Atiende todas las necesidades del niño durante los primeros meses de vida.

Sin embargo más allá del 4º mes, una alimentación estrictamente láctea ya no cubre las necesidades nutricionales, sobretodo en cuanto a energía y hierro se trata, por lo que el riego de aparición de desnutrición proteico-energética o de una anemia ferropénica aparece. También es necesario introducir una alimentación complementaria bajo forma de papilla.

Tradicionalmente la madre, mientras continua dándole el pecho al niño es consciente de la necesidad de administrarle una papilla ligera preparada a base de alimentos locales (harina de mijo, maíz, mandioca,…) diluida en agua. Después, tras varios meses, un puré semi-sólido a base de la misma comida que comen los adultos, añadiendo salsa o azúcar, administrado una o dos veces al día.

Esta papilla a menudo se prepara con antelación y se conserva en malas condiciones higiénicas. De ahí se deriva la diarrea llamada « de destete » tan frecuente en países tropicales.

Esta papilla muy a menudo está hecha a base de cereales (arroz, mijo, sorgo, maíz) o raíces (mandioca) o tubérculos (ñames) según las regiones.

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